Hace no muchos años, en concreto cuando muchos de nuestros hijos todavía no habían nacido (1996), internet era una tecnología que quería imponerse a toda costa en nuestras vidas tranquilas y sosegadas.
Muchos de nosotros no encontrábamos mucho sentido a un medio que, nos aseguraban, prometía una revolución en la comunicación e iba a cambiar nuestras vidas. El problema era que para disfrutar de él, había que realizar una serie de cambios e inversiones que no nos daban tanto como el esfuerzo y gasto que suponían.
- Comprar un módem
- Dar de alta una conexión
- acceder vía teléfono con un gasto adicional que nadie quería asumir
Además, todo iba tan rápido que si te animabas a comenzar, tenías que mejorar tu conexión en breve porque la que te habías comprado no valía para nada en dos días.
El módem a 32 kb, el de 56, la rdsi, y finalmente el adsl, sin hablar de la fibra óptica y la tecnología móvil. En definitiva un camino que se ha surcado en 15 años y que nos ha llevado a una realidad tecnología imprevisible cuando todavía eramos reacios a tener nuestro primer e-mail por no saber donde consultarlo o no acordarnos de hacerlo.
Durante este periplo tecnológico tan acelerado hemos tenido que aprender un montón de cosas para poder estar mediánamente inmersos en la realidad tecnológica.
El correo electrónico es un buen ejemplo de un recurso que ha costado expandir a la casi totalidad de la sociedad. Muchos sentíamos sencíllamente imposible que alguien pudiera vivir sin correo electrónico cuando otros ni se acordaban de cómo era el suyo y continuaban haciendo uso del teléfono y otros medios para comunicarse.
A la vez, todos vivimos el boom de la telefonía móvil. Nadie quería tener un teléfono móvil para estar localizado todo el día y, además, a mí no me gusta hablar por teléfono, es una frase que yo he escuchado miles de veces. Hoy, si nos olvidamos el móvil en casa, hay que darse la vuelta para cogerlo aunque lo que vayamos a hacer sea ir al cine, al gimnasio o a una clase de yoga por que lo primero que vamos a hacer en cuanto salgamos de ella va a ser mirar el móvil y ver si alguien nos ha llamado o llamar nosotros mismos.
Nuestra realidad comunicativa ha cambiado enormemente. tenemos acceso a fuentes de comunicación instantánea que nos están posibilitando hacer miles de tareas que antes no podíamos ni pensar y, obviamente, como se han ido imponiendo lenta y paulatinamente, nuestra percepción de su entrada ha sido sin darnos cuenta.
Hoy vivimos la ya realidad de un nuevo paso en la comunicación que son las redes sociales y la llamada web 2.0.
Algunos de nosotros ya nos hemos sumergido en la nueva manera de contactar a través de las redes sociales. A todos nos suena lo que son y que pueden llegar a hacer. muchos conocen sus diferencias y similitudes. La gran mayoría ha oído hablar bien y mal sobre ellas. muchos creen que no van con ellos y otros por el contrario están encantados de utilizarlas. Y casi todos hemos oído hablar de los peligros que pueden conllevar y que, hoy es una realidad cada vez más cercana.
Por todo ello hemos creído de especial interés preparar una conferencia que explique, describa, puntualice y deje en su sitio a las redes sociales.
Queremos crear un punto de partida con el que se pueda ver y trabajar con las redes sociales en concreto e internet en general, de una manera segura y fiable.
Hemos elegido el entorno de los colegios / ayuntamientos por entender que se presenta una necesidad educativa IMPORTANTÍSIMA sobre la manera de utilizar estos nuevos medios y cómo puedenafectar a nuestra privacidad.
Para dar un grado de confianza y seguridad necesitamos conocer una serie de datos y maneras de actuar que ayuden a que nuestros hijos puedan desarrollarse en las nuevas tecnologías con el apoyo de sus padres y su comunidad, que conocen de una manera más experta cómo reaccionar ante ciertos peligros y más especialmente como prevenirlos.
Hoy nuestros hijos ya no utilizan el correo electrónico, solo les sirva para darse de alta en las redes sociales, y es en estas donde desarrollan toda su actividad cmunicativa.
Comentan, chatean, entran en foros, comparten fotografías, información, vídeos, gustos, etc. Y todo lo hacen con una habilidad asombrosa para los padres pero desde una perspectiva de “inocencia” que es acorde con su edad. La preocupación de nuestros padres de con quién ibamos se ha multiplicado por mil en un mundo en el que la comunicación entre desconocidos es tan común como lo fue oír la radio para nuestros abuelos.
No podemos prohibir que los hijos participen de una comunicación tan enriquecedora y ágil como son las redes sociales ni lo conseguiremos porque su acceso es tan sencillo como que todos tienen un perfil abierto en alguna de las redes.
Lo que podemos y debemos hacer es tratar de compartir con ellos una nueva manera de comunicarse, conocerla e intentar asesorarles en sus bonanzas y peligros para que como en cualquier otro aspecto de la vida, ellos tomen las decisiones adecuadas que les lleve a disfrutar plenamente de sus oportunidades.